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Todos somos Malvinas

Miguel Carbajo, clase 1962, pertenece a una familia tradicional del barrio, su papá Julio Carbajo nacido en Empalme Graneros en el año 1918, en José Ingenieros y Víctor Cué, fue cofundador de Nu.Ma.In. y familia fundadora del Club Reflejos. Miguel es papá de tres hijos y abuelo de un nieto.

Llega la noticia: “tomamos malvinas”

Miguel – Cuando me tocó el Servicio Militar, en 1981 me sortearon, destino en Infantería de Marina, me llevaron a Instrucciones en Sinfín Pereyra en la ciudad de La Plata. Volví una sola vez vestido de Gala; mi mamá me llevó a Foto Oscar a Sacarme una foto y yo le dije – ¿cuál es el apuro, sabes cuantas veces voy a volver?, me queda un año de servicio.
De un 4 de agosto de 1981, volví en Septiembre de 1982!

Volví a mi destino en la Plata y de ahí me llevaron a Río Grande. La Guerra se declara el 2 de Abril, nosotros estábamos haciendo un entrenamiento militar que se llama campaña, ese día a las 13 hs un Capitán nos dice “estamos en guerra”, para nosotros era como que hubiera dado la noticia de un partido de fútbol, no dimensionábamos. El Capitán grita a los soldados “Tomamos Malvinas”.
De Ahí en más se levantó el revuelo, fuimos hasta la frontera con Chile a llevar víveres, volvimos al Batallón, nos vistieron con ropa nueva y armamento, el Fal Para, en la plaza nos reunieron y nos dijeron que íbamos a ir a una guerra en Malvinas. Cuando gritó Viva la Patria!, nadie contestó, nos quedamos helados, tuvo que repetirlo varias veces para que contestáramos Viva La Patria!

Llegada a las Islas

El día 10 de Abril nos suben a un avión Fokker hacia las Islas. Estuvimos 2 días en el aeropuerto bajando víveres, municiones y de ahí caminamos dos días, pasamos por el pueblo. De ahí nos llevan y se divide el batallón, una compañía Mac va a Supergirl, más frente lo que era el pueblo y mi destino final fue el monte Tumbledown, a unos 10 kms del pueblo. Donde estaba Casa Amarilla (casco de estancia, donde había un hospital de campaña) y parte de lo que era el batallón de los ingleses.

El día 24 de Abril ya veíamos las flotas inglesas y pensábamos que no iba a haber combate, enfrentamientos.
Pero el 1° de Mayo comienza la guerra. Comienza el bombardeo de aviones a la mañana, era como un latido del corazón, bum… bum y chiflaban las bombas, con un silbido estremecedor, la veíamos a kilómetros de distancia, estaban atacando a otra compañía y a lo lejos, se veían caer las esquirlas encendidas. Pero de repente nos calló una ráfaga a 40 metros, éramos 4 soldados, gracias a mi Cabo, que nos hizo cavar los pozos de zorro de 2 metros de profundidad, Romper turba no era nada, lo peor eran las lajas y piedras. A muestro cabo Herrera que nos daba las órdenes y tanto renegábamos creo que nos salvó. Mi compañía eran 900 soldados y tuvimos 25 bajas.

Nosotros éramos primera línea en mar. Estuvimos tres días de combate antes que los ingleses pudieran desembarcar en Bahía San Carlos.

El combate duró tres días. Tres noches, donde oscurecía a las 18 hs. El 12, 13 y 14 de Julio fue la rendición. Ellos tiraban con balas trazantes, y ahí comenzaba el cruce de fuego. Y por supuesto ellos con mira telescópica nocturna. Nosotros teníamos una mira cada diez soldados. Los ingleses avanzaban y se replegaban, continuamente. Combatían de noche. La última noche cuando comienza a amanecer, me quería sacar las botas, ya no sentía los pies; esa noche había nevado y es cuando comienzan a tirar desde arriba del monte donde estábamos nosotros.

Es ahí donde nos vienen a buscar ya que el batallón replegaba. No queríamos abandonar los puestos, vinieron dos veces a pedirnos que repleguemos. Quedamos en medio del fuego cruzado, nos agrupamos con otro batallón y allí vino la rendición.
En mi puesto, es donde hubo la batalla más grande de las islas. Los ingleses condecoraron al batallón al cual pertenecía, Batallón 5 de Infantería en Marina, por el Valor. Se derribaron helicópteros, el que más batalla les dio.

Comida, raciones, frio, nieve y llovizna constante

Comimos bien hasta el 1 de Mayo, ya que había cocinas de campaña, luego cada uno fue a sus puestos, hasta el fin de la Guerra el 14 de Junio. Nos daban una ración por día con una lata de albóndigas, caramelos, galletitas de agua, pastillas de cloro para purificar el agua y pastilla de alcohol para calentar la lata. Compartíamos con mi compañero una lata a la mañana y la otra a la noche. Tuvimos al Santiagueño Cabo Herrera, muy compañero nuestro, que nos ayudó mucho, quien hacía vista gorda cuando cazábamos algún cordero, el cual lo comíamos casi crudo. Nunca más pude comer cordero.

La palabra compañero

Cuando estás en el servicio militar, es un compañero de colimba, ahora cuando estás haciendo la guardia en la trinchera de guerra, las noches son tan crudas, mucha neblina, llovizna, en 74 días vimos tres veces el sol, los pies siempre mojados y fríos. Cuando hacés la guardia, sabés que no te podés dormir. Más que compañerismo es una hermandad. Te estás cuidando la vida. Teníamos un visor nocturno cada diez soldados, así que no nos daban los ojos para mirar. Dormíamos un poco más de día, ya que los ataques siempre eran nocturnos.

Prisionero

El 14 de Junio de 1982 llegó la rendición y estuvimos prisioneros durante 8 días, no hubo maltrato, nos sacan armamento y sobre todo cámaras de fotos, solo algunos pudieron pasar fotos, tal vez los heridos. Te revisaban hasta el pelo. Sólo pude pasar mi boina. Nos obligaron a limpiar toda la basura de la isla, sobre todo el sector de los contenedores de basura, ya que los soldados rompían los contenedores buscando comida.
Después vinieron los pozos para el entierro de los compañeros, los héroes. Hubo un inglés que marcó cada lugar donde había cuerpos, antes de enterrarlos un cura hizo una oración por cada uno, nuestros verdaderos héroes. Momentos muy amargos, que pasaron muchos años para poder contarlo.

Cartas y encomienda

Cumplí los años estando en Malvinas, el 8 de Junio. Nos entregaron cartas que llegaron de chicos de una escuela, esas cartas las leíamos diez veces, nos la pasábamos entre nosotros. Muchos se han reencontrado, soldado y alumno.
Estando en Malvinas me llegaron dos cartas, una de mis tíos y otra de un amigo el Choza. Cuando volví al batallón en Puerto Madryn me encuentro con una encomienda de la Vecinal de Empalme Graneros, me la mandó Virginio Ottone, una caja con pullovers, bufandas, chocolates y también me encontré con infinitas cartas de mi mamá, que me escribía dos veces por semana. A mi regreso tuve la oportunidad de arrimarme a la vecinal y agradecer por la encomienda.

El regreso a casa

El 22 de Junio nos embarcaron y fuimos a Puerto Belgrano al sur de la Provincia de Buenos Aires, pensé que nos iban a dejar venir a Rosario, pero no fue así, nos cortaron el pelo y nos enviaron a Río Grande, allí estuve hasta Septiembre que me dieron la baja. Mi familia no tenía noticias mías. El 9 de Julio, el cumpleaños del Club Reflejos que coincide con el cumpleaños de mi viejo, una persona le dice a mi hermana que estaban haciendo una colecta para comprarme un sillón de ruedas porque me habían cortado una pierna. Ese mismo día llaman al batallón donde estaba, no se pudieron comunicar. A las 12 de la noche de ese mismo día llama mi primo Sergio y es ahí que tengo la primera comunicación con mi familia, la primera palabra que me dijo – ¿podes caminar bien? Y es ahí que se enteraron que no estaba herido, que estaba sano y salvo. Después sí pude hablar con mi familia.
Había empresas del sur que nos ofrecían trabajo. Me iba a quedar trabajando allí, pero cuando vi que todos se vestían de civil, me agarró nostalgia por volver.

El 4 de Septiembre salí de Río Grande para a Buenos Aires, nos recibió un grupo de personas con aplausos. Volvíamos sólo tres soldados. De allí tomamos el tren a Rosario y llegué a Empalme con el colectivo 1, me bajé a las 6 de la mañana en calle 49 y Génova. Me bajo en la esquina y me encuentro con mi primo Menna. Me acompaña a mi casa y es el momento que abro la puertita de hierro con un pasador que hacía un ruido especial y escucho la voz de mi papá que dijo – “Ahí viene mi hijo”, lo presintió.

Ese día a la tarde, se vino con toda la barra del Club Reflejos para que me saluden. Había vuelto de la guerra el hijo de Patita.
En los primeros tiempos, no se hablaba de la frustración de la derrota, la gente miraba a los ex combatientes, como “loquito de la guerra”. Pasaron muchos años para la reivindicación de los soldados.

Mi regreso a malvinas

Volví a Malvinas en el año 2016. Antes fui a ver la Película de Gastón Pauls, “Iluminados por el Fuego”, muy buena, fui con mis hijos y mi mujer. Cuando vi la última parte, que Gastón Pauls se apoya en una piedra, era la misma piedra que yo había estado. Fue tanta emoción! Y ahí me dieron ganas de regresar. Volví a Malvinas junto a 18 ex combatientes. Estar, ver, tocar y recorrer mi lugar, encontré todo igual, hasta el mínimo detalle. Así, tal vez, de a poco cerrar esta historia de mi vida.

Yo no podía hablar de Malvinas, uno de mis hijos le contó a la maestra que yo era ex combatiente y es así que me invitan a izar la bandera, ahí llore de la emoción, fue la primera vez que había ido a un lugar como ex combatiente. Un año después la Marina nos llama y nos hace una revisación, dos días en Buenos. Aires, la primera vez que ante un psiquiatra pude hablar y llorar por dos horas.

Me recomendó comenzar a dar charlas, aunque me emocione o llore, y es así como ahora puedo recordar y hablar sin llorar. Formó parte de mi catarsis, gracias a mis hijos y amigos que me invitaban a dar charlas. Cuando voy a una escuela, los chicos me miran con admiración, sus miradas me llena el alma. Creo que son sanadores de nuestros tristes recuerdos.

Palabras de despedida

Cada 2 de Abril, que flamee la bandera argentina. Pensemos que la guerra no es un buen camino. Todo lo que consigamos que sea por la vía diplomática y por la paz.
Por esas cosas de la vida, mi nieto Bautista nace un 2 de Abril. Viva la Patria!

En esta edición de Abril, el periódico rinde este homenaje a todos los que combatieron en aquel conflicto del sur, en la voz de Miguel, vaya todo nuestro reconociemiento a cada uno, los que volvieron, los que quedaron allá . . .

 

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