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Después de una gran tormenta aparece el arco iris y un sol lleno de esperanza

En el principio de este 2020, cuando todas las ilusiones florecían, inicio de clases, proyectos por comenzar y otros por concluir, sueños de viajes, compartir momentos, celebraciones, viajes de estudio, encuentros esperados, llega la gran pandemia, la que azota e inmoviliza al mundo, pánico, descreimiento y los miedos a lo desconocido.
Derrumbes económicos, parálisis de actividades, enfermedad y muerte…y más muerte.

Primero allá lejos, en alguna noticia de Tv, luego en Buenos Aires, en nuestra ciudad y cuando menos nos dimos cuenta era mi vecino, mi familiar o yo.
Más temor sucumbía en el mundo, los egoísmos, la soledad del aislamiento, las angustias y las depresiones invadían cada hogar y la sociedad toda.
En el medio del caos, cientos de miles de héroes anónimos, algunos por obligación, por ser su trabajo y la gran mayoría por vocación, extendieron su mano para salvar al otro.

Héroes anónimos, médicos, enfermeros, mucamos, policías, transportistas, bomberos, el que revolvía la olla comunitaria, para que a nadie le falte un plato de comida, la cajera de un supermercado y el que le hacia el mandado a los abuelos de su cuadra.

Escuchar rumores, eternos programas de Tv, donde todos hablan de todo, juzgan a todos, en el más inverosímil de los cambalaches. Donde en movilizaciones esquizofrénicas se mezclaba el terraplanista, el anti cuarentena, tal vez hasta salven a la ballena azul y algunos con razones muy valederas.

Ese es el mundo que nos tocó transitar, esa es la etapa de la vida que nos tocó vivir, esa etapa de la vida, que si tenemos la suerte de superarla, durante un par de generaciones, sin dudas hablará de “aquellos tiempos de pandemia”, donde cada uno contará su anécdota, donde aparecerán los mitos y las aberraciones más descabelladas.

Desde nuestra Vecinal tomamos la riesgosa decisión de no cerrar las puertas, nadie tuvo obligación, nuestra tarea se convirtió en voluntariado. Cuando las obras sociales, las pre pagas y los centros privados de salud cerraron sus puertas y su comunicación, Empalme Graneros tenía un lugar donde acudir, nuestros consultorios permanecieron abiertos, guardando todas las medidas de seguridad. En tiempos donde pudimos trabajar mancomunadamente con los centros de salud y con los docentes y directivos de nuestras escuelas, con los que se conformó una red de trabajo.
Logramos hacer docencia con nuestros comerciantes para informatizar y utilizar todas las redes sociales y poder vender a través de ellas, logrando que sea éste uno de los únicos centros comerciales en pie. Pero no nos quedamos con ello, incluimos a cientos de emprendedores, que tal vez sea la nueva camada de comerciantes o empresarios. Hombres y mujeres que decidieron no quebrarse ante esta circunstancia y desde el que hacía tortas, facturas, ropa, viandas, artesanías, carpinteros, muchachos que sabían soldar, se animaron a más. Hombres y mujeres que no bajaron los brazos.

Desde allí nace la necesidad la creación de nuestra radio por internet, un desafió que se pudo llevar a cabo y ya está en marcha con programas educativos, culturales y entretenimiento. Continuamos con el periódico y reforzamos las redes sociales.

En este período terminamos la primera etapa de nuestro sueño, el anexo de la Vecinal para que más vecinos tengan mayores servicios en salud, educación y recreación.

Todas estas son las cosas que a Empalme lo hace distinto.
Lo bueno, ya llegando a fin de año, como en aquel diciembre del 86, de la última gran inundación, renovamos nuestra esperanza, nos ponemos de pie, alzamos nuestros brazos y volvemos a dar batalla, entre otras tantas cosas, la esperanza, que dentro de muy poco, la humanidad aplique una vacuna.

Que este tiempo de reflexión, nos sirva a todos para ser mejores. Superemos nuestros miedos, las pérdidas, la de nuestros afectos y seres queridos porque indefectiblemente, después de la gran tormenta aparece un arco iris y un nuevo brillante y radiante sol de esperanza.
Feliz año nuevo para todos, con un abrazo fraterno.

 

Osvaldo Ortolani

por Comisión Vecinal
Empalme Graneros

 

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